El enoturismo en Rioja Alavesa lleva veinte años funcionando con la misma fórmula: se reserva una bodega, se recorre la sala de barricas detrás de un guía, se cata en una sala acondicionada y se compra una botella en la tienda. Está bien. Funciona. Y a la tercera bodega, todas empiezan a parecerse.
El problema no es la visita a bodega. Es que la bodega es el final del proceso, no el territorio. El vino de aquí no se explica en una nave de acero inoxidable: se explica en un suelo arcillo-calcáreo que ocupa el 95% del viñedo de la comarca, en una sierra que supera los 1.400 metros y hace de escudo contra el norte, y en 14.571 hectáreas de cepas plantadas entre pueblos medievales.
Aquí van ocho planes para vivir Rioja Alavesa desde ese otro lado.
1. Meterse dentro del viñedo, literalmente
La imagen que todo el mundo tiene de Rioja Alavesa —el mar de cepas ondulado hasta la sierra— se ve desde la carretera. Pero la comarca está atravesada por cientos de kilómetros de caminos de concentración parcelaria que existen para que entren los tractores, y que llevan a sitios a los que no llega el asfalto: cerros aislados, ermitas sin pueblo, miradores por arriba.
Recorrerlos en buggy, con guía, cambia la escala de la visita. En dos o tres horas se cruzan varios términos municipales, se para donde merece la pena parar y se ve el viñedo desde dentro y no desde el arcén. Es, seguramente, la forma más directa de entender por qué el paisaje de aquí es como es.
2. Bajar a un calado del siglo XVI en Laguardia
Bajo el casco medieval de Laguardia hay una segunda villa: decenas de calados, bodegas subterráneas excavadas a mano entre los siglos XV y XVIII, a varios metros de profundidad, con temperatura constante todo el año. Muchas siguen en uso.
Bajar a uno de ellos es una experiencia distinta a cualquier visita a bodega moderna: el techo bajo, la humedad, el olor, la sensación física de que el vino de este sitio se hizo bajo tierra durante siglos porque no había otra manera de mantenerlo fresco.
3. Beber el vino de las bodegas que acabas de ver
En una visita convencional pasa esto: catas un vino y te cuentan de dónde viene, pero ese origen se queda en algo abstracto. Has visto una sala de barricas, no el sitio.
Aquí el orden se invierte. Primero recorres el territorio —pasas junto a bodegas, bordeas sus parcelas, las ves desde fuera, desde el camino, con la sierra detrás— y solo después te sientas a catar. Cuando se abre la botella ya sabes de dónde sale: has pasado por delante hace una hora.
Nuestra degustación es al terminar la ruta, en el exterior de nuestra nave, y todo lo que se pone en la mesa es producto local: vino con DOCa Rioja de bodegas de la zona, queso y embutido artesano. Es el momento que más gente recuerda después, y no tanto por el vino en sí como porque para entonces entiendes lo que estás bebiendo.

4. Ir en vendimia (y verla de verdad)
Entre finales de agosto y mediados de octubre la comarca cambia de ritmo: cuadrillas en las viñas, remolques cargados de uva por las carreteras, olor a fermentación en los pueblos. La campaña de 2026 se ha adelantado más de lo habitual y arranca hacia mediados de septiembre.
No hace falta vendimiar para vivirlo. Basta con estar aquí esas semanas y moverse por los caminos: es el único momento del año en que el paisaje del vino está en pleno funcionamiento delante de ti.
5. Buscar los dólmenes entre las cepas
A pocos metros de viñas en producción hay sepulcros megalíticos de hace 4.500–5.000 años. El dolmen del Alto de la Huesera, en Laguardia, tiene un corredor de ocho metros y en él se documentaron restos de más de cien personas. La Chabola de la Hechicera, en Elvillar, es el más monumental de la comarca.
La yuxtaposición es lo interesante: el mismo suelo lleva cinco milenios ocupado por gente, y hoy da vino. La Ruta de los Dólmenes de Rioja Alavesa enlaza varios de ellos.
6. Subir a un mirador a la hora correcta
El Balcón de la Rioja, junto al Puerto de Herrera, está a unos 1.000 metros y abarca la comarca entera de una vez. El Portal de Páganos en Laguardia y los miradores de San Roque y San Vicente en Elciego —con el hotel de Gehry recortado entre los tejados— funcionan mejor al atardecer.
Un consejo: en Rioja Alavesa la hora dorada dura poco y lo cambia todo. Si vas a hacer una sola parada panorámica del día, hazla en la última hora de luz.
7. Ver la arquitectura del vino como itinerario
En muy pocos kilómetros hay tres siglos largos de arquitectura bodeguera:
- Ysios (Laguardia), la cubierta ondulada de Santiago Calatrava, de 2001, que dibuja la silueta de la Sierra de Cantabria que tiene detrás.
- Marqués de Riscal (Elciego), el hotel de titanio de Frank Gehry, de 2006, encajado en un pueblo del XVI.
- Baigorri (Samaniego), un cubo de cristal bajo el cual se hunden siete plantas de bodega que trabaja por gravedad.
Recorrerlos en un mismo día, incluso solo por fuera, es una forma perfectamente válida de visita.

8. Bajar al Ebro y a las lagunas
Rioja Alavesa no es únicamente viñedo. En la parte baja, el Ebro dibuja meandros e islas fluviales que se ven desde los miradores de Lapuebla de Labarca y Baños de Ebro. Y a las afueras de Laguardia está el complejo lagunar, un biotopo protegido de lagunas salobres con un sendero circular fácil y aves migratorias en primavera y otoño.
Son las dos caras naturales de una comarca que suele venderse solo por el vino.
Cómo combinar todo esto en un fin de semana
Una manera realista de encajarlo sin correr:
| Mañana | Tarde | |
|---|---|---|
| Sábado | Laguardia: casco amurallado y calado subterráneo | Ruta en buggy: viñedo, dolmen, miradores y cata al terminar |
| Domingo | Bodega de autor reservada con antelación | Elciego y el Marqués de Riscal, o lagunas y La Hoya |
La clave es no encadenar tres visitas a bodega el mismo día. Alternar bodega, territorio y paisaje es lo que hace que el fin de semana se recuerde.
Preguntas frecuentes
¿Hace falta saber de vino para hacer enoturismo en Rioja Alavesa? No. De hecho, los planes de esta lista funcionan especialmente bien con quien no sabe de vino, porque explican el vino a través del paisaje y no a través del vocabulario técnico.
¿Se puede hacer enoturismo en Rioja Alavesa con niños? Sí, siempre que el plan no sea solo cata. Los dólmenes, el poblado de La Hoya, las lagunas, las murallas y una ruta en buggy —los niños pueden ir de acompañantes desde los 4 años— funcionan muy bien en familia.
¿Cuál es la mejor época para el enoturismo aquí? Septiembre y octubre, por la vendimia y el color del viñedo. Mayo y junio son la segunda mejor opción, con el campo verde y menos gente.
¿Se puede hacer todo esto sin coche propio? Los pueblos están mal comunicados entre sí en transporte público. Lo práctico es alojarse en Laguardia o Elciego y contratar actividades con recogida o con punto de salida en el pueblo.
¿Estos planes valen para grupos de empresa o celebraciones? Sí. Es uno de los formatos que más nos piden: territorio, actividad y cata en un mismo bloque de tres horas. Escríbenos y lo montamos a medida.
Empieza por el viñedo
De los ocho planes, hay uno que sostiene a los demás: salir de la carretera. Casi todo lo que hace especial a esta comarca —los dólmenes, las ermitas, los miradores, las parcelas viejas— está en los caminos.
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Para seguir preparando el viaje: qué ver en Rioja Alavesa y cómo es una ruta en buggy paso a paso.
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